Cerámica

Galería

Mi camino dentro del barro comenzó en 2013 con mi marca Pumarosa, en la que he trabajado al lado de artesanas alfareras. Mi familia tiene origen en la costa de Oaxaca,México, para ser más específica en San Mateo Piñas, Pochutla.

Al cocinar, en el pueblo se usaban tradicionalmente grandes ollas de Yojuela y uno que otro jarro de Atzompa cuando era posible visitar la Ciudad de Oaxaca. Mi mamá se crió cerca del calor del fogón, con comales, ollas y tazas de barro.

Este cariño por la cerámica tradicional me lo heredó a mi. Después de Pumarosa tuve la oportunidad de conocer el precioso barro Donají, el amor de mi vida, con el que hago mis piezas. El aprendizaje ha sido lento pero sustancioso.

Este barro proviene de los cerros de San Felipe del Agua, en los Valles Centrales de Oaxaca. Tiene una textura muy suave y permite realizar acabados muy delicados. Después de modelar las piezas, agrego algunas técnicas que las maestras alfareras de estas tierras me han enseñado con gran generosidad: bruñido minucioso y uso de engobes.

La quema posterior revela el suave color naranja del barro Donají o se transforma en un misterioso color negro con la técnica de reducción de oxígeno de la quema tradicional de San Bartolo Coyotepec.

Comencé en los primeros años con los corazones, inspirados en las imágenes religiosas que me parecieron impresionantes desde que era pequeña, eventualmente se fueron transformando en diablitos (muy comunes también en los objetos hechos a mano que producen lxs artesanxs en el centro del continente americano) y después vino la adaptación a mi acercamiento con el movimiento feminista (en este caso las vulvas) o mi interés en los ornamentos divinos y esotéricos.

De vez en cuando hago experimentos. Mi máxima es: crear todo eso que me gustaría que existiera. A veces sin pensarlo surgen vírgenes, peces, cabezas gigantes, casas para peces, corales, manitas con ojos, recipientes con muchas caras…

El cariño y apoyo de las personas más importantes en mi vida me han permitido seguir este largo camino. No me considero una ceramista y no me interesan las eternas discusiones entre cerámica de alta o baja temperatura, lo que me importa es sentir con mis manos y que otras personas se reflejen ahí.

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